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En abril podría finalizar la pandemia: dos fármacos se diseñan a gran velocidad

/Redacción

HOUSTON, TX.- Remdesivir e hidroxicloroquina son nombres que aún no significan nada para el mundo, pero los fármacos y sus desarrolladores podrían salvar la humanidad de la pandemia y hacer historia.

El gran proyecto es suministrar remdesivir a los pacientes más graves infectados por el coronavirus y proporcionar cloroquina en forma preventiva a los más leves.

España, Estados Unidos, China y Alemania, liderean los ensayos para encontrar la vacuna efectiva.

Las autoridades españolas anunciaron este viernes que el remdesivir, un fármaco desarrollado por la farmacéutica estadounidense Gilead para tratar el ébola, está todavía en fase experimental.

«Tres hospitales —La Paz, en Madrid, el Clínico, en Barcelona, y Cruces, de Vizcaya— han comenzado ya a reclutar pacientes y se espera que se sumen otros cinco en los próximos días: el 12 de Octubre y el Ramón y Cajal, en Madrid; el Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares (Madrid); el Carlos Haya en Málaga y el Vall d’Hebron en Barcelona», informaron. «La propia compañía fabricante está haciendo ensayos clínicos en humanos. Los primeros resultados se esperan a finales de abril. China realiza también dos grandes ensayos con este mismo antiviral comparando sus efectos en pacientes graves y moderados».

«Necesitamos saber cuanto antes si estos fármacos funcionan, pero no nos podemos apresurar, hay que esperar a tener los resultados», dijo Jakub, decano de la facultad de Medicina de la Universidad de Minnesota , Estados Unidos, que promueve uno de los mayores ensayos clínicos del mundo con hidroxiclorina

La hidroxicloroquina es un fármaco que se usa contra la malaria desde hace décadas y que es relativmente barato. Esta molécula tiene un potencial doble efecto. Primero, es un antiviral que podría combatir directamente al SARS-CoV-2. Además tiene efectos antiinflamatlorios, lo que podría mejorar los síntomas de los enfermos con peor pronósticos.

El presidente de EE UU, Donald Trump, sugirió el jueves que ambos fármacos están prácticamente aprobados para su uso. Pero el organismo responsable de aprobar los fármacos en ese país corrigió al presidente advirtiendo que, al igual que en cualquier otro caso, estas drogas deberán demostrar que son seguras y efectivas en ensayos clínicos y que, por ahora, no hay pruebas de que funcionen, según informó Bloomberg.

Un reciente trabajo publicado en Science demostraba que en la epidemia de Wuhan no se detectaron hasta el 80% de los casos y que fue este gran grupo de pacientes el que aceleró la explosión de la pandemia en China. Probablemente lo mismo sucedió en Italia y España. Por ahora no hay garantías de que estos tratamientos estén aprobados y listos para poder evitar que países como España alcancen su pico de contagios, advierte Tolar.

El país asiático anunció el jueves que ha acelerado en la carrera por ser el primer país en encontrar un remedio para la Covid-19. El Ministerio de Defensa ha confirmado por medio de un comunicado emitido en la noche del martes que su primer prototipo de vacuna contra el coronavirus ya está listo para realizar ensayos clínicos. Este proyecto ha sido desarrollado por una empresa privada, CanSino Biologics, localizada en Tianjin –ciudad portuaria cercana a la capital–, en colaboración con la Academia Militar de Ciencias Médicas. Desde ayer, los responsables del proyecto buscan voluntarios para llevar a cabo las primeras pruebas en seres humanos: los candidatos deben ser sujetos sanos, con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años y no haber padecido la dolencia en el pasado. No obstante, aun en caso de que los ensayos fueran exitosos, la vacuna no estaría lista para su comercialización hasta dentro de un mínimo de 12 meses.

Esta cuestión reviste una gran importancia para el Partido Comunista Chino (PCCh), que busca aprovechar la positiva evolución de las infecciones en su territorio para cimentar su imagen de potencia global responsable y sacudirse cualquier responsabilidad en lo sucedido. El primer objetivo de esta ofensiva propagandística ha sido levantar una nueva narrativa que empieza por poner en duda el origen de la pandemia. Tanto es así que la semana pasada un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores llegó a lanzar la hipótesis de que el ejército norteamericano hubiera plantado el virus en Wuhan.

Este es uno de los motivos que explican el ímpetu por tomar la delantera en la búsqueda de un tratamiento contra la Covid-19. Hace dos semanas, el presidente chino, Xi Jinping, apremió a acelerar la producción de vacunas y medicamentos durante su inspección de la Academia Militar de Ciencias Médicas. Hasta 1.000 científicos chinos están participando en esta campaña nacional, con nueve proyectos en marcha recurriendo a cinco técnicas diferentes, como vacunas inactivadas, de vector viral o genéticas, las cuales se encuentran en diferentes fases de desarrollo. De esas nueve alternativas, el proyecto de CanSino y la Academia Militar de Ciencias Médicas es la más avanzada.

China también cuenta con un prototipo de vacuna ARNm, al estilo estadounidense, en la cual investigan un equipo conjunto del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades, la Universidad Tongji de Shanghái y la empresa Stermina. Esta alternativa está siendo testada en animales y se espera que alcance la fase clínica a mediados de abril. “La capacidad de investigación y desarrollo de vacunas en China es, en términos generales, una de las más avanzadas del mundo”, afirmaba ayer en rueda de prensa Wang Junzhi, experto en control de calidad de productos biológicos e investigador en la Academia China de Ciencias Sociales. “No seremos más lentos que otros países”, sentenció.

Una cuestión de tiempo

El problema de la velocidad es fundamental. Donald Trump, reunido con los ejecutivos de las principales farmacéuticas de EE UU, pidió tener una vacuna lista para las elecciones presidenciales que se celebrarán en noviembre. Pero eso es imposible. Según apuntó Anthony Fauci, director del Instituto Nacional para las Alergias y las Enfermedades Infecciosas, al menos sería necesario un año y medio para tener lista una vacuna.

En condiciones normales, el desarrollo de una nueva vacuna puede tomar una década. En el caso de los esfuerzos para frenar el coronavirus, hay parte del camino hecho por la investigación sobre virus como el MERS o el SARS, que son de la misma familia, pero hay cuestiones como las pruebas de seguridad que requieren tiempo para ver los efectos del nuevo fármaco. Algunas vacunas prometedoras se quedan por el camino porque agravan la enfermedad que tratan de prevenir.

Nota escrita con datos de El País.

 

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