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Racismo, Discriminación, Brutalidad Policíaca y Represión

Por LCC Judá Álvarez

/Articulista

HOUSTON, TX.- Esconderse bajo los preceptos y ciertas escrituras para socavar las mentes, manipular las voluntades, y coartar las libertades tanto de expresión como de manifestación de las ideas ya sea escritas o de palabra, no son otra cosa que espurias acciones que ejercen quienes pretenden acallar las voces de reclamo, crítica hacia quienes ejercen el poder.

Quienes viven en esta humanidad, tienen todo el derecho de reclamar, señalar, criticar, cuestionar, protestar y poner en tela de juicio el actuar de la llamada “justicia”, así como de quien la ejerce, del mismo modo de quienes ostentan poder de dirección, de gobierno, autoridades de todos los niveles en todos los países del mundo.

El reclamar a la autoridad no es faltarle al respeto, criticarla no es de ningún modo restarle poder o autoridad, cuestionar sus procederes y actuares no es tampoco de ninguna manera estar en contra, es ejercer el pleno y absoluto derecho de pedir cuentas a quienes se benefician del ejercicio del poder y de los dineros del pueblo.

Hoy en todas partes del mundo los que tienen en sus manos el poder lo utilizan para pisotear los derechos fundamentales de muchos, policías y agentes que utilizan sus poderes y lugares para discriminar, y realizar su labor utilizando la fuerza de manera brutal, feroz, inhumana, cruel, déspota, irracional, salvaje y retrógrada.

Hoy los que deberían impartir justicia, reparten injusticia, portando uniforme, pistola y charola, se lanzan a las calles de todas las ciudades del mundo a intimidar, amenazar, reprimir, perseguir, golpear y hasta asesinar a personas por su color de piel, por su idiosincrasia, religión, condición social, cultural y académica, justificando sus accionares bajo el lente pernicioso de la impartición de justicia y del orden.

Hoy la vestimenta de la justicia y del poder, es el racismo, la discriminacion, la represión de las ideas, del derecho, de la libertad de expresión, de asociación, de manifestacion, todo lo que es negro, moreno y latino es delincuente y digno de persecución y represión, hoy los sentimientos energúmenos de cientos de miles de policías en todas partes del mundo, afloran, se muestran y manifiestan a flor de piel, sólo baste ver las cientos de imágenes y vídeos, en donde se ve el instinto bestial de los famosos “agentes del orden”.

La ley, no es ley, y la justicia no es justicia, éstas, ambas, en infinidad de ocasiones defiende, ampara y protege al delincuente, al mentiroso, al calumniador, al difamador, al asesino, al ladron, y no sólo lo defiende, lo ampara y lo protege, sino hasta lo justifica y muchas pero muchas veces hasta lo esconde y lo premia.

No, no hay en ninguna parte del mundo, plena confianza ciudadana en sus autoridades ni en sus sistemas de impartición de la justicia y la ley, sólo hay miedo, inseguridad, pánico, odio, rencor, rechazo, terror, pavor, rabia, enojo, ira y repudio, ganados a pulso, y con mucha razón, porque quien debía proteger, cuidar, ayudar, salvaguardar, apoyar, amparar y socorrer, es su peor pesadilla, son sus más viles y cruentos escarnecedores.

Asimismo, al momento de exigir, cuestionar, reprobar, reclamar y manifestar su descontento social, lo único que reciben los ciudadanos alrededor del mundo de sus autoridades y sistemas judiciales, son represión, golpes, empujones, balas, oídos sordos, gases lacrimógenos, barricadas, salen los “guardianes del orden” como si fueran a una guerra, armados hasta los dientes, con ese racismos, intolerancia, discriminacion y brutalidad que les supura por cada poro del cuerpo, enajenados cual perros sobre su presa, y sólo baste alcanzar a uno de los descontentos porque ahí sobre ese, descargan todo su babeante coraje, furia, rabia, brutalidad, bestialidad, ferocidad y salvajismo.

Todo esto escudados y respaldados cobardemente bajo la careta de un uniforme, de una placa, de una arma, y de una representatividad que les da manga ancha para ejercer indiscriminadamente la fuerza y las balas para hacerse obedecer y respetar, el respeto se gana, no se pide y mucho menos se exige ni se forza.

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