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El linchamiento moral de disidentes

Por LCC Judá Álvarez

Al éxito de una persona o institución no faltan, como a los grandes la presencia de los enemigos y detractores con su pasión ciega y amarga envidia y su asquerosa calumnia…

Se sabe y se conoce que los calumniadores conspiran en las sombras, mienten con agudeza ponzoñosa y difaman con la escoria de su odio…

La sociedad los conoce, son hombres y mujeres de pacotilla que se venden al primer oferente que los puede comprar con 30 monedas de traicion y deslealtad para luego justificarse como Judas…

La calumnia es el arte de amargar la dignidad, hace enmudecer los escrúpulos en los hombres y mujeres incapaces de resistir la tentación del mal, la calumnia es el grano que fecundiza en los temperamentos llenos de rencor y odio, es vergüenza nociva irredimible…

La contradicción es evidente, la opinión pública lo sabe, los animales en su ira, pueden ser brutales en su lucha, hasta la muerte de su enemigo, pero de frente, de frente cuerpo a cuerpo, pero el hombre y la mujer, el ser racional, conspira y agrede en y desde las sombras para difamar con la escoria de su odio, babeando y mordiendo al detestar y carcomer, son inválidos morales que se refugian en la máscara de su bajeza moral, son hombres y mujeres huecos y embutidos de mentira, llenos de paja, roen como las ratas en la clandestinidad de su propia conciencia mentirosa.

Repugna porque la calumnia busca víctimas, hace víctimas, sacrifica víctimas, es la forma más ruin de socavar, deformar y desvirtuar la dignidad, los disidentes son basuras humanas.

La calumnia es la peor bajeza humana, es lodo que nace solamente en las personas y conciencias que viven y están en el lodo.

Hay que señalar que todas las personas que por sus propias convicciones se separan de alguna organización social, política, cultural, gubernamental, deportiva y hasta religiosa, aseguran que las razones de su retiro por absurdas que sean son justificables, sin embargo, cuando su salida está orientada en el resentimiento, en la amargura, en el odio y en la frustración, reclaman venganza, y entonces para disculparse, difaman, mienten, denigran, e inventan falaces argumentos para lograr una imagen de víctimas.

Estos prevaricadores se enmascaran con papel de víctimas en la prensa pública, y ante la opinión pública, con una pirotecnia verbal que orienta a la condena pública, y desde ahí destilan todo el veneno de sus resentimientos y amarguras, por no haber logrado, alcanzado y conseguido sus fines y propósitos, o no haber recibido lo que querían recibir, al estar dentro de la institución pública, privada, deportiva, cultural, política o religiosa, a la que hoy cuestionan, reprueban, critican y descalifican.

Las acusaciones que muchas de estas personas disidentes lanzan contra las instituciones que han abandonado, y muchas veces contra quien las dirige, son de acciones y actos bochornosos y escandalosos que irresponsablemente atribuyen a quienes creeen responsables de sus desgracias,  frustraciones y fracasos morales, dichos señalamientos, son derivados de mentes sucias y perversas que recurren al protagonismo mediático, persiguiendo en su grande mayoría de casos intereses económicos, financieros, fama y fortuna, atreviéndose en sus desviaciones morales hasta describir los «detalles» de los supuestos agravios sufridos, con un lenguaje lánguido y de burdel, para que las calumnias impacten, sorprendan y desconcierten aún más.

Estos grupillos de disidentes, granujillas encolerizados, enajenados y escandalosos, van en busca de la compasión pública de los que los ven y oyen, llevando la bandera bélica de la venganza, desquite y de una frenética  cruzada para desprestigiar hasta donde sus cómplices, compinches y secuaces, se los impulsen, respalden, solapen y patrocinen.

En este camino de descomposición moral y social, así como de persecución mental y lunática, los detractores se encuentran a los otros mercaderes, a aquellos que viven de la noticia morbosa, del escándalo, del amarillismo, y que convertidos en tribunales de justicia, se alimentan del escarnio público de las personas, de la mofa, del sarcasmo, de la burla, de la satirizacion y satanización, con un lenguaje rebuscado de calificativos burlescos, condenatorios e incendiarios para que la persona exhibida, sea absolutamente ridiculizada.

Todos los personajes y personas involucradas en estos espirales interminables de acosos y persecuciones mediáticas, siempre encuentran y buscan un pretexto para tergiversar, denostar y vapulear lo de rotundo éxito, bajo las órdenes de brazos y directrices clericales oscuras, utilizando todo tipo de artimañas, regentando a disidentes y secuaces.

Entre los secuaces oportunistas se encuentran politiquillos que viendo por sus mesquinos, bastardos y pueriles intereses se lanzan por lucro, subiéndose al carro en estos casos, para sacar ventaja para sus aspiraciones políticas y de poder, así como movidos por su energúmeno, obsesionado y desquiciado fanatismo confesional catolico romano, no pudiendo negar la cruz de su parroquia.

En la grande mayoría de casos cuando se trata de pegarle a organizaciones religiosas que provocan mucha incomodidad y que son una piedra en el zapato para la clerecía romana y que ademas les han comido el mandado de todas, todas, surge la fanaticada romana desde lugares estratégicos de poder, para de manera rastrera y sistemática armar todo un complot, una conspiración maquiavélica buscando debilitar, frenar y en muchos casos acabar y destruir el éxito rotundo y exponencial que muestran estas corrientes religiosas, a las cuales despectivamente, intolerantemente y discriminatoriamente las llaman y las tipifican como sectas.

A las cuales un purpurado muy chambón en 1985, llamado Girolamo Prigione, entonces nuncio o representante papal en México, declaró: “las sectas son como las moscas: que hay que acabarlas a periodicazos”, en esta expresión se refleja el pensamiento retrograda generalizado de la curia romana, que al no poder atraer seguidores a sus filas por medio de sus prédicas, tienen que recurrir y utilizar el camino que tienen bien recorrido, el de la violencia, el del complot, el del garrote vil y de la persecución, difamación, el falso testimonio y el desprestigio, contra sus competidores.

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