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Gatilleros salvajes, con licencia para matar

Por LCC Judá Álvarez

No hay control, sujetos desquiciados andan rondando por las calles de todas la ciudades, ciudadanos bajo asecho, en la mira de estos energúmenos personajes, con uniforme, placa y pistola, si, los flamantes policías.

Sin escrúpulos, sin ningún cargo de conciencia, sin el más mínimo remordimiento, solo tiran del gatillo, a mansalva, a quien se les pone y ponga enfrente, niños, jóvenes y adultos, no importa, la raza y el color, el hecho, dicen, es actuar, demostrar su superioridad, una demencial actitud y accionar de estos gatilleros del viejo oeste.

Y ya que matan a quien no deben o no debían, sólo se justifican, y llegan las aberrantes declaraciones justificatorias: “yo creía, yo pensaba, me equivoqué, perdón no miré, solo vi, me imaginé” y sus superiores a justificar el actuar y accionar salvaje de sus subalternos: “los agentes sólo actuaron bajo protocolo, no hubo, no había intención de matarlo, sólo actuaron para proteger su vida”, y la del otro?, la del asesinado, del golpeado, del herido, no es vida?, no vale lo mismo?, quién dice y quién juzga qué vida vale más?.

Y es que en Estados Unidos, la policía mata a entre 1.000 y 1.200 personas cada año, según los cálculos realizados por la prensa estadounidense. Del total de muertes a cargo de la policía, casi un 25% de las víctimas son afrodescendientes, una comunidad que representa un poco más del 13% de la población estadounidense. Las cifras se refuerzan con un estudio publicado en 2019 a partir de datos recopilados por el consorcio de periodistas Fatal Encounters y los del Sistema Nacional de Estadísticas Vitales, los cuales concluyen que los afrodescendientes son 2,5 veces más propensos a ser asesinados por la policía en Estados Unidos que la población blanca.

En muchos de estos asesinatos policiacos, ya sean por un error de evaluación o por exceso del uso de la fuerza policial, la invocación de la legítima defensa suele proteger a los oficiales en los tribunales. Una investigación desarrollada por la agencia de noticias Reuters señaló que los policías se ven protegidos en gran medida de ser condenados o de tener que pagar reparaciones monetarias a las víctimas o sus familias gracias a la “inmunidad calificada”, un concepto legal desarrollado por la Corte Suprema de Estados Unidos para los funcionarios públicos cuando actúan en cumplimiento del deber.

Según Reuters, los agentes se ven blindados por esta figura incluso cuando los tribunales determinan que violaron los derechos civiles de una víctima. Aunque los casos de alto perfil, que despiertan la atención nacional, suelen ser la excepción. En estos escenarios -que son atípicos-, suelen presentarse ofertas generosas de conciliación y, a veces, muy aveces, se levantan cargos penales contra estos personajes.

Los diversos cuerpos de policía de Estados Unidos habían matado a 566 personas en los inicios del año 2016, según un proyecto estadístico llamado The Counted que lleva a cabo el diario británico The Guardian. En el 2015, el total de muertos fue de 1.146.

De esos 566 muertos, 531 lo fueron por disparos de la policía, 12 a consecuencia de pistolas taser de descargas eléctricas y 10 arrollados por coches policiales. 13 personas murieron (o fueron asesinadas) después de haber sido detenidas.

Según The Counted, de los 566 muertos en el 2016, 279 eran blancos, 136 negros, 13 nativos americanos y el resto, de otras minorías. Por millón de habitantes, resulta que la mayoría de víctimas eran nativos americanos y negros. En el 2015, la mayoría eran negros (306) e hispanos (195).

Los datos que afectan a la población negra hablan por sí solos, ya que esta constituye solo el 2% del total del país. En el 2015, la mayoría de los 581 blancos abatidos por la policía estaban armados (306), mientras que solo 139 de los 306 negros muertos tenían armas.

En el año 2016, el reparto de armas fue el siguiente:

566 muertos………….. 273 armados

279 blancos………….. 128 armados

136 negros……………. 75 armados

88 hispanos…………. 65 armados

13 nativos……………. 6 nativos

Una revisión de medios de la Oficina de Estadísticas de Justicia (BJS, por sus siglas en inglés) encontró un total de 1.348 muertes potenciales relacionadas con arrestos en diez meses, desde junio de 2015 hasta marzo de 2016, un promedio de 135 muertes por mes, o un poco más de 4 por día. (La revisión excluye las muertes bajo la jurisdicción de las fuerzas del orden público federales y tribales, y la BJS reconoció que no proporciona un panorama completo).

En comparación, solo 13 personas en el Reino Unido murieron bajo custodia policial en el período más cercano, según la agencia de control de la Policía del país. En Australia, ocurrieron 21 muertes bajo custodia policial u operaciones relacionadas con la custodia, entre 2015-2016. Esas medidas son la comparación más precisa con la cifra de muertes relacionadas con arrestos en Estados Unidos, segúnel Ministerio del Interior del Reino Unido. La cifra del Reino Unido no incluye todas las muertes que ocurrieron después del contacto policial.

El FBI registró que 407 personas fueron baleadas en un acto de «homicidio justificable» por un agente de policía, en 2018, una disminución con respecto a años anteriores. Pero los homicidios declarados justificables no abarcan todos los homicidios policiales, y los números del FBI son ridiculizados por muchos grupos de derechos humanos y organizaciones de noticias que han recopilado cifras mucho más altas. The Washington Post contó a 1.004 personas asesinadas a tiros por la policía, en 2019, por ejemplo, mientras que el grupo Mapping Police Violence registró 1.099.

Canadá puede seguir más de cerca a Estados Unidos entre los países del G7. Los datos oficiales solo se recopilan cuando se acusa a un agente, pero un análisis de CBC, afiliada de CNN, encontró 461 encuentros policiales fatales, entre 2000 y 2017.

Se realizaron un total de 10.310.960 arrestos en EE. UU., en 2018, es decir, un arresto por cada 32 ciudadanos estadounidenses. Esas cifras le dan a Estados Unidos una tasa de arresto mucho más alta que el Reino Unido o Australia, entre otros.

De los confrontados o arrestados por la policía, los estadounidenses negros tienen más probabilidades de ser sometidos por la fuerza, una queja clave de los manifestantes que marchan en todo Estados Unidos.

Los agentes de policía tienen más probabilidades de usar la fuerza sobre los estadounidenses negros y, según un estudio de 2016, publicado en el American Journal of Health, los hombres negros tienen casi tres veces más probabilidades de morir por intervención policial que los hombres blancos. Cifras comparables para otros países no están fácilmente disponibles.

En general, más estadounidenses están sujetos a los engranajes del sistema de justicia penal que en muchos otros países; y más terminan también en prisión.

Estados Unidos tiene la mayor población carcelaria del mundo, así como la mayor tasa de encarcelamiento per cápita, según World Prison Brief, una iniciativa con sede en Londres que cuenta anualmente las poblaciones de presos en todo el mundo.

Solo cuatro ciudades de EE.UU. tienen más habitantes que las cárceles del país, y la población carcelaria de Estados Unidos, de 2,2 millones, es más alta que las poblaciones combinadas de Washington, Boston y Miami.

Las tasas son altas en todo el país. Si cada estado de Estados Unidos se contara como un país, los 31 países con las tasas de encarcelamiento más altas del mundo serían todos estados de EE.UU., según la Prison Policy Initiative. Oklahoma, Louisiana y Mississippi tienen tasas de encarcelamiento de más de 1.000, lo que significa que más de una de cada cien personas en esos estados estaba presa en 2018. En comparación, la tasa de encarcelamiento más alta fuera de EE.UU. se encuentra en El Salvador, donde 614 personas por cada 100.000 son presos, de acuerdo con Prison Policy Initiative.

Los negros estadounidenses representan un tercio de la población carcelaria de Estados Unidos, a pesar de que solo representan alrededor de una octava parte de la población total del país.

El uso de balas de goma por parte de la policía ha provocado indignación, con imágenes gráficas en las redes sociales mostrando a personas que perdieron un ojo o sufrieron otras lesiones después de recibir el impacto.

Un estudio publicado en 2017 en el British Medical Journal encontró que el 3% de las personas impactadas por balas de goma murieron a causa de la lesión. El 15% de las 1,984 personas analizadas sufrieron lesiones permanentes por estas, también conocidas como “proyectiles de impacto cinético”.

Según Physicians for Human Rights, muchas armas policiales consideradas “menos que letales” pueden causar graves daños.

Las armas acústicas, como los cañones que hacen ruidos muy fuertes, pueden dañar la audición.

El gas lacrimógeno puede dificultar la visión y la respiración.

El spray de pimienta, aunque es doloroso e irritante, no causa daños permanentes, dijo Lazzaro.

Las bolas de spray de pimienta, que se han utilizado para sofocar protestas recientes, pueden ser mortales cuando se usan incorrectamente. En 2004, una mujer de Boston de 21 años fue golpeada en el ojo y asesinada por un gránulo de gas pimienta disparado por la policía para dispersar a las multitudes que celebraban la victoria de la Serie Mundial de la ciudad.

Los dispositivos de desorientación que crean ruidos fuertes y luces brillantes, conocidos como granadas de conmoción cerebral o explosiones repentinas, pueden causar quemaduras graves y lesiones, incluido daño al tímpano. Las multitudes que corren por pánico pueden causar lesiones por aplastamiento.

Los cañones de agua pueden causar lesiones internas, caídas e incluso congelación si el clima es frío.

La fuerza física, como golpear a alguien para controlarlo, hace que aproximadamente 1 de cada 3 personas sean hospitalizadas, dijo el doctor Howie Mell, vocero del Colegio Americano de Médicos de Emergencia y ex médico táctico, que trabajó con los equipos SWAT.

Es difícil tener datos fiables sobre homicidios cometidos por la policía, ya que muchos gobiernos no recopilan ni publican esa información.

Según el Estudio sobre Armas Pequeñas, de 2007 a 2012 se calcula que murieron 19.000 personas a manos de la policía en “intervenciones legítimas” (enfrentamientos con la policía).

Los datos disponibles se refieren en su mayoría a países o periodos específicos y suelen basarse en cálculos de ONG o grupos de derechos humanos.

He aquí algunos ejemplos:

En 2019, la policía de Río de Janeiro (Brasil) mató a 1.810 personas, una media de cinco al día.

En 2019, la policía de Kenia mató a 122 personas.

De octubre de 2019 a enero de 2020, la policía de Irak mató a unos 600 manifestantes.

De 2015 a 2018, más de 500 personas murieron en Jamaica por disparos de la policía, que también disparó e hirió a más de 300.

Unas 1.000 personas mueren cada año a manos de la policía en Estados Unidos.

Así los ríos de sangre de los gatilleros salvajes de los supuestos agentes del orden, los de las manos sucias, los que causan y provocan pavor, muerte, discriminacion, xenofobia, racismo y caos.

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